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La espiritualidad del Carmelo


El día 16 de julio, todos los años, el Carmelo celebra la solemnidad de la Virgen María, a quien la Orden debe todo cuanto es. Aprovechando la cercanía de nuestra fiesta quiero presentar las ideas principales que configuran nuestra vida.

La Orden del Carmen desde el principio se inspira en la experiencia del profeta Elías. Un grupo de cruzados que se retiró a la montaña del Carmelo encontró en la figura del profeta bíblico un ideal para empezar a vivir de la Palabra de Dios y de sus exigencias. Por otro lado, la vida de María como hermana y modelo, fue iluminadora y determinante de la espiritualidad carmelitana desde sus orígenes.

1.- El profeta Elías “el hombre de Dios”, comprometido con su pueblo

Los Carmelitas vivían cerca de la fuente de Elías. En el Monte Carmelo estaba vivo el recuerdo del Profeta. Desde el comienzo él marcó la vida de los ermitaños. Nos consta también que ellos vivían alrededor de una capilla dedicada a Santa María del Monte Carmelo. Comenzando a "meditar día y noche en la ley del Señor", eran estas dos figuras bíblicas, ya presentes en su vida, las que despertaban su interés. .

El profeta Elías en la Escritura es "el hombre de Dios" (1 Re 17,18-24), del Dios vivo y liberador, el Dios de la Alianza. La experiencia de Dios que tuvo Elías en el torrente Kerit, alimentada en la oración y en la historia de su pueblo, le convierte en el hombre de Dios y de la palabra de Dios (1 Re 17,24), y en el profeta que combate a los falsos dioses para llamar a su pueblo al verdadero culto del Dios único.

También la Escritura presenta a Elías como un hombre comprometido con el pueblo. La comunión con Dios no lo alejaba de las personas y de sus problemas. Se acerca a la viuda de Sarepta, pobre y hambrienta (1 Re 17,9); a Abdías, servidor del rey, que está en peligro de muerte; a Nabot, perseguido por causa de su propiedad y asesinado (1 Re 21,17-19); al pueblo engañado y confundido (1 Re 18,20-24).

2. María, hermana y modelo de los carmelitas

Junto con la figura de Elías, la figura bíblica de María, fue inspiradora para la Orden desde sus principios. Los ermitaños del Monte Carmelo supieron contemplar en ella a la Madre y Hermana cuya vida era el modelo de su existencia consagrada. Sobre todo descubrieron en ella a la Virgen sencilla de Nazaret, servidora de Dios y servidora de los hermanos..


Servidora de Dios, cree con profundidad en la Palabra aceptando ser la esclava del Señor (Lc 1, 38 ). Vive su fe en la oscuridad y en la prueba ( Mt 2,13-23); acepta las exigencias de la Palabra en todas las circunstancias, sin entender muchas cosas; guardando todo en su corazón (Lc 2,19. 50-51), caminando como peregrina de la fe y de la esperanza.

Servidora de sus hermanos, abierta a las necesidades de la gente: va a visitar a su prima Isabel para ayudarla cuando está cercano el momento de su parto (Lc 1,39-45.56); en la bodas de Caná se interesa de las necesidades materiales de la familia que ofrecía el banquete (Jn 2,1-12); después de la Ascensión acompaña a los apóstoles en la oración, todavía tristes y llenos de temor por su futuro (Act 1,14).
 
3.- La Virgen María en la vida del Carmelo Teresiano

Teresa de Jesús empieza en el año 1562 su aventura fundando su primer convento de san José en Avila. El carisma teresiano se nutre de lo que ha vivido en la Orden del Carmen, que como hemos visto, hunde sus raíces en la tierra bíblica y se inspira en el profeta Elías y en la Reina y hermosura del Carmelo. En la Virgen María, Madre y Señora encuentra una imagen concreta de lo que quiere vivir en la iglesia.

La Virgen del Monte Carmelo “llena con su presencia la vida de la Orden”. Santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz nos legaron “a la Madre y Señora de la Orden como modelo de oración y abnegación para el camino de la fe, y como mujer entregada en alma y cuerpo a la escucha y contemplación de las palabras del Señor, siempre dócil a los impulsos del Espíritu Santo y asociada al misterio pascual de Cristo por el amor, el dolor y el gozo” ( Constituciones, 48 ).
 
Teresa y Juan de la Cruz nos ofrecen en María “el modelo acabado del espíritu de la Orden”.

La experiencia espiritual de nuestros fundadores contempla a María como la Virgen orante, modelo de todo carmelita en la escucha y en la predicación de la Palabra. Sólo cuando escuchamos y guardamos la Palabra podemos convertirnos después en anunciadores “para no volverse predicadores vacíos de la palabra, que no la escuchan por dentro” ( DV 25 ).

También contempla a María como Madre espiritual que nos acompaña en el proceso de nuestra vida cristiana hacia la unión con Dios.

El signo exterior de nuestra devoción a la Virgen es el escapulario, expresión maternal de su protección. Vistiendo el santo escapulario expresamos nuestra consagración a María, nos revestimos de sus virtudes y reproducimos su imagen en el mundo.

La presencia de la Virgen María vivifica nuestra espiritualidad y configura nuestro apostolado. Hace de nuestra vida personal y comunitaria lugar de encuentro con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, necesitados de auténticos testigos de la experiencia de Dios.


Fr. Antonio Ribas, o.c.d.


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