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El hombre, sed de eternidad | El hombre, sed de eternidad |
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En todos los tiempos el hombre ha sido el ser más sediento de toda la creación. Ha conquistado, a través de la historia, todo lo que se ha propuesto. Sus ideales se han ido cumpliendo de una manera vertiginosa. Hoy nos paseamos de un extremo del orbe a otro sin necesidad de movernos de nuestra casa. Sin embargo, el hombre no ha encontrado el “agua viva” que sacie su sed de eternidad, de amar, de ser feliz.
![]() Cada día tenemos más cosas. Más medios. Más bienestar. Pero somos más pobres en amor. No ha conseguido dar el paso de un amor a un amor mejor. Sigue mendigando las migajas que caen de la mesa de la tierra y no es capaz de sentarse en la mesa de los hijos porque no vive en fraternidad.
Es junto al pozo de Jacob, en todas nuestras búsquedas de felicidad, donde “Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él” ( Catecismo de la Iglesia, 2560 ).
![]() En este pozo de Jacob están reflejadas todas las barreras y las injusticias que separan a los hombres creados por Dios para vivir en fraternidad. Hoy, sigue la violencia de las palabras de la samaritana con el judío Jesús; hoy, el pozo de Jacob, se transforma en otros pozos que están incendiando de odio y de muerte regiones enteras.
![]() La Samaritana es figura de todos los sedientos en busca de eternidad. Sólo cuando se da el encuentro con el “Agua viva”, se sacia la sed. Así lo canta san Juan de la Cruz en la “Llama de Amor viva”, “Y la Samaritana olvidó el agua y el cántaro por la dulzura de las palabras de Dios” ( Ll B 1, 6 ).
Para olvidar “el agua y el cántaro” es preciso saborear “la dulzura de las palabras de Dios” y para escuchar “la dulzura de las palabras de Dios” hay que estar “limpios y enamorados”. Cuando las personas ponen su placer en otras cosas “no pueden gustar el espíritu y vida de ellas, antes les hacen sinsabor”. Aquella mujer de Samaria, no era una mujer “limpia y enamorada” cuando se acerca al pozo de Jacob. Era una mujer sedienta, que se atrevió a reclamar con violencia a Jesús porque siendo judío le pedía de beber. El ser samaritana era una barrera que le separaba de Jesús.
![]() El mundo todavía no ha gustado “la dulzura de las palabras de Dios”, que hizo dejar el agua y el cántaro a la Samaritana. En nuestros días, podemos constatar que “la dulzura de las palabras de Dios” no ha hecho posible que la violencia sea desterrada de nuestros corazones, del interior de nuestras familias y del entorno de nuestra sociedad. ¿Qué encontró la Samaritana en las palabras de Jesús? Según el pensamiento de san Juan de la Cruz, sería “la dulzura”. Si profundizamos en esta dulzura de las palabras descubrimos el camino del amor, que vence el mal con el bien, y la violencia con el don y la entrega de uno mismo. Todos necesitamos pedir el agua viva para saciar el hambre de eternidad.
El “dame de beber” se convierte en puente que une a dos personas sedientas. Es ruego y es gesto seductor. Es gemido de un corazón sediento. Es el grito de tantos hombres y mujeres que mueren de sed y de hambre frente a un mundo burgués y materialista sordo al sufrimiento de los débiles y ciego a tantos sedientos de felicidad. El hambre de 2.500 millones que viven con un dólar al día no hace mella en las conciencias de los “ricos epulones” que siguen pasando junto a los “Lázaros” que mueren a causa de nuestros corazones endurecidos por el frío de la avaricia y de la indiferencia.
![]() Nuestro mundo no conoce todavía “el Don de Dios”. La Paz, “Don de Dios”, según la tradición judía, no es la paz entendida como ausencia de guerra, sino una nueva forma de relacionarnos con los demás mediante el amor y la justicia. Es la cultura de la justicia, de la defensa de la viuda, del huérfano y del extranjero. ¿Qué hacer ante tanta desolación?
Nuestra sociedad necesita “samaritanas” que, dejando el agua y el cántaro,anuncien a los hombres “la dulzura de las Palabras de Dios” y el “Don de Dios”.
Celebrar la Pascua de Jesús, es proclamar su victoria sobre las tinieblas del egoísmo. Es creer que el Señor está haciendo algo nuevo, aunque todavía no lo veamos. Caminamos en la fe y nuestra mirada profética está fija en el futuro. Ahora nos toca vivir de esperanza, “con ansias, en amores inflamada”.
Y como la “Samaritana” nuestra misión continúa. Nuestra esperanza y nuestra vocación pascual es romper el muro de la indiferencia que separa a los pueblos y contribuir a la verdadera unidad de los hombres en la riqueza de sus diferentes culturas.
![]() La Pascua de Jesús enciende una luz de esperanza en medio de los problemas más lacerantes de nuestro mundo. Su entrega, su amor, su sangre derramada en la cruz es el grano de trigo que cae en tierra y muere para dar fruto.
Pero todavía no hemos aprendido a ser grano de trigo que muere para servir por eso no servimos para vivir. El amor no es la razón de nuestro existir. Como muy bien decía Martín Luther King los hombres “hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos”.
P. Antonio Ribas
Carmelita descalzo
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